La luna llena, por otra parte, suele traer cambios en el tiempo. Es como si, con su presencia, revolucionara toda la meteorología. Algo así como cuando pasa una chica guapa cerca de las obras con las que Gallardón ha dejado Madrid como un colador. La luna llena nos trae brisas y vientos, algunas nubes y, muchas veces, nostalgia.
No sé de donde procede este influjo de la luna, la humanidad lleva miles de años dándole vueltas al tema, pero ahí está, de nuevo con su cara redonda reflejándose en el mar.
Cuando vives en una ciudad grande, el viento, la luna y otros miles de pequeños cambios en la naturaleza te pasan desapercibidos pero, los que vivimos el mar (o la mar) tenemos un curioso comportamiento común. Cuando nos levantamos por la mañana, lo primero que hacemos es mirar el viento. ¿De dónde viene? ¿Con qué intensidad sopla?. Luego vamos subiendo la vista al cielo y miramos las nubes. Su forma, color, densidad....
Yo esperaba que, con la luna llena, hoy hubiera habido un cambio en los vientos que soplan por España y para mi disgusto no ha sido así. Cuatro cobardes no se han atrevido a dejar a esto, que se quiere llamar gobierno pero que es más bien una estafa, solo ante la realidad a la que nos ha llevado. En fin, estamos en un barco en el que el timonel es ciego y el capitán un cobarde y con temporal por la proa.... Veremos como salimos de esta.
Una de las cosas que peor llevo es la falta de las niñas a pesar de los quebraderos de cabeza que me dan, estoy deseando que vengan este verano y que, a pesar del lio, estemos todos juntos aquí. Pero de esto ya hablaré otro día, que hoy ya he hablado mucho.