No voy a ser yo quien defienda al oficio más viejo del mundo. No por nada, si no porque creo que, para ellas, tiene que ser muy triste llegar al maestrazgo en su trabajo. No voy a hacer aquí de moralista ni de predicador. Para eso ya está el Imán de Cartagena.
Este individuo que, probablemente, llego a nuestras costas a base de horas de patera y de mar aprovechando el generoso "papeles para todos" del malhadado Caldera, se ha convertido por mor del Islam, en Imán y, para más INRI (espero que no se tome a mal esta agresión a la religión del Profeta), en martillo de putas, esquineras, trotacolchones y demás profesionales de la noche portuaria. Es más, ha montado un escuadrón de la muerte y las amenazan con apalearlas, cosa muy natural en tiempos de nuestro Señor Jesucristo en que se lapidaba a las rameras y que, si no recuerdo mal, fue cuando Jesús, dando una lección de tolerancia que dos mil años más tarde los musulmanes aun no han aprendido, dijo lo de que "el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra". Pues no contento con eso, encima las dice que se vayan a su país.
Y yo me pregunto ¿Quién es este tío para echar a nadie de NUESTRO país? ¿Donde esta la policía, que aun no lo ha puesto en un barco rumbo a su tierra mahometana? ¿Por qué tenemos que respetar su religión y ellos no respetan ni nuestra cultura, ni nuestra religión, ni nuestras costumbres?
Si quiere perseguir a las putas, que se vaya a su país. Si quiere rezar con el culo en pompa, que se vaya a su país, Si quiere expandir el Islam, que se vaya a su país y si quiere vestir como a la moda de la Meca, que se vaya a su país. Y si no, que respete nuestras costumbres, religión, tradiciones y forma de vida. Que en esta tierra, una mujer vale lo que un hombre y las más veces lo que dos. Que en España, las mujeres no llevan velo, porque no tienen por que ser inferiores a nadie. Que aquí las mujeres no heredan la mitad que un hombre ni su testimonio en un juicio vale la mitad que el de aquél.
Que se vaya. El y todos los que, como él, nos quieren llevar de nuevo al siglo XII. Que se queden en sus pueblos, que no abusen de nuestra sanidad pública, que no nos hagan quitar los crucifijos de las escuelas, que no obliguen a las niñas a ser muebles y objetos de compra - venta en cuanto llegan a la pubertad.
Si no les gusta como somos, que se vayan.
Bibiana, vaya usted tomando nota
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No puedo estar más de acuerdo. Está muy bien acoger a todo el que quiera venir A TRABAJAR, que falta nos hace gente que quiera hacer las labores que los españolitos venidos a más rechazan para seguir cobrando el paro. Y está bien aceptarlos como son y que puedan desarrollar su cultura y sus costumbres en la medida de lo posible. Pero esa medida de lo posible llega hasta el momento en que chocan con nuestros modos y costumbres. Si tanta tolerancia se nos exige a los locales, ¿por qué no les exigimos como mínimo la misma a los que vienen de fuera?
ResponderEliminarSi un amigo me acoge en su casa por una temporada, yo me adapto a sus costumbres. Como y ceno a la hora que suelen hacerlo ellos, me descalzo al entrar si es que ellos lo hacen así, y procuro que mi estancia les genere la menor cantidad de molestias posible. Pero con la inmigración parece que es al revés. Venid y tomad lo que queráis, que nuestras costumbres no tienen importancia. Pues no estoy de acuerdo. El que quiera venir a TRABAJAR, bienvenido sea. Pero que venga abierto a aprender nuestro idioma y nuestras costumbres. Y si no, que se quede en su país. Digo yo que si se viene al nuestro, será porque en nuestra sociedad se vive mejor que en la suya. ¿No será mejor que cambie sus costumbres y se adapte a las que han demostrado funcionar mejor? Digo yo...