Hoy tengo día profundo. Metafísco estoy, que diría Babieca a Rocinante. La causa no es otra que me han mandado un poema que me ha hecho parar un rato y reflexionar. Quien me lo ha enviado, lo ha hecho llamando la atención sobre cómo éste puede ser una lección de vida. Me hubiera gustado escribir esto sobre papel y a golpe de pluma.
No es que sea yo muy conocedor de la obra de Neruda, pero al ver el anuncio en el que se le atribuye el poema, que es el de la Feria del Libro de Madrid, he buscado en Internet para copiar y pegar y descubro, sin sorpresa, he de reconocer, que no es de Don Pablo, sino de Don Alfredo Cuervo. En realidad, el señor Cuervo debería sentirse orgulloso por la confusión y, de paso, pedir copyright a la agencia que ha realizado la pieza publicitaria y por ende daños y perjuicios.
El poema original es más largo que el publicado y, francamente, me parece mejor que la versión aligerada que aparece en la publicidad. Entrando de lleno en el poema en sí, y es la primera vez que hago una crítica literaria, me parece una lección de esas que deben pasar de padres a hijos.
Ya dije hace unos días, en otro lugar y otras circunstancias, que uno no puede dar lo que no tiene o ha tenido nunca. ¿Como explicar los colores a un ciego? que es la pregunta tópica en estos casos. Debemos transmitir a nuestros hijos la más importante de las lecciones, que es la de amar y sentirse amados, respetarse a si mismos y respetar a los demás. A ser tolerantes con el débil y firmes con el que abusa. A defender sus valores. A trabajar por el placer del trabajo bien hecho. A no rendirse ante las dificultades. A crecerse ante los problemas. A sonreír en la adversidad y a llorar por las cosas que merecen la pena.
Si fracasamos en este intento, habremos fracasado en la vida. Si transmitimos odio, rencor, mediocridad o indiferencia, esa es la lección que ellos aprenderán y habremos perdido la oportunidad de transmitirles los valores que hacen grandes a las personas.
Puede que nunca sean famosos, ni ricos, ni poderosos, pero tendrán una riqueza, un poder y un reconocimiento que ningún dinero puede comprar. Tendrán buenos amigos y eso, es riqueza y reconocimiento. Tendrán seguridad en si mismos y eso, es poder, un poder que mueve montañas. Podrán salir airosos de las dificultades, Si transmitimos estos valores, haremos de nuestros hijos grandes personas.
El poema, que pongo un enlace más abajo para el que quiera leerlo, es una lección de humanidad que todos deberíamos aplicarnos y, tal vez así, seríamos algo grandes.
http://blog.spacebom.com/24/del/06/del/2005-queda-prohibido/
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